Vistalegre II: aprender de los errores

Vistalegre II va a suponer una poderosa escenificación mediática de una dinámica de debate pletórico de energía joven, pero envenenada por una pugna de poder mal gestionada, desde mi punto de vista, al menos hasta la fecha.

Una de las claves del éxito de PODEMOS ha estado y está en desarrollar un discurso transversal, vinculado a los problemas de la gente, frente a las clamorosas injusticias que han impuesto las políticas de “austeridad”, en beneficio del sistema financiero, responsable principal de la crisis. En el fondo, lo que ha hecho PODEMOS es extender y desarrollar, en el ámbito político, la transversalidad que hemos practicado en los movimientos sociales desde hace bastantes años (el pacifismo, frente a las bases americanas y la entrada en la OTAN; el feminismo, frente al machismo; el ecologismo, frente a la voracidad desarrollista; la nueva cultura del agua, frente a la crisis global del agua en el Planeta Agua …). Desde esa transversalidad, a nadie le preguntamos si era de izquierdas o de derechas en la cadena humana por la paz, hasta la base americana; ni en la Marcha Azul a Bruselas, contra el Trasvase del Ebro; ni en las plazas del 15M, frente al cinismo brutal de los bancos y del Gobierno.

Sobre esa base, que nadie pone en cuestión, las diferencias políticas entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón ni son nuevas ni son antagónicas, sino poderosamente complementarias. Como lo han sido y lo son sus perfiles de liderazgo, tanto en el seno de PODEMOS como de cara a la sociedad. Pablo enfatiza la necesidad de una acción parlamentaria que empodere a los movimientos sociales y se apoye en ellos, mientras Íñigo, mirando a los convulsos entornos de la socialdemocracia, insiste en la necesidad de una actitud expansiva hacia ese electorado que aún no se atreve a votar a PODEMOS. El uno habla de “dar miedo a los poderosos” y el otro de “seducir a quienes aún no nos votan”. Pero ambos, obviamente, convocan y aspiran a implicar en el reto del cambio a esas mayorías sociales que son víctimas de la codicia y del autoritarismo de los más ricos y poderosos. Una convocatoria que pretende aunar voluntades, y necesidades, desde la desesperación de la familia desahuciada, la indignación del joven abocado a la emigración y la rebeldía dolorida de la mujer maltratada, a la frustración de millones de demócratas, pensionistas, sindicalistas y ciudadanía en general que ven como el PP, en santa alianza con Ciudadanos y la Gestora del PSOE, persevera en la demolición de las conquistas sociales, políticas y económicas de décadas de lucha democrática en este apasionante país de países que es España. Una convocatoria para construir esas mayorías sociales por el cambio con gentes y corrientes ideológicas entre las que hay y habrá diferencias infinitamente mayores que las que hoy se discuten apasionadamente en el seno de PODEMOS. Pero si no somos capaces de debatir fraternalmente esas diferencias, y ciertamente el debate escenificado por Iglesias y Errejón difícilmente puede caracterizase como “fraterno” ¿con qué fuerza moral convocaremos a esas mayorías sociales?

Desde un lado se acusa a los otros de “cavar trincheras” para construir una nueva IU, mientras desde el otro lado se acusa a los unos de pretender reconstruir un nuevo PSOE. Sin embargo, ni unos ni otros, en ningún momento, han defendido ni construir una nueva IU, ni un nuevo PSOE, sino que proponen expandir alianzas y conjuntar energías en espacios sociopolíticos que sin duda deben ser convocados, desde esa transversalidad que desborda con mucho las referencias partidarias. Pero da igual, las diferencias de énfasis o de prioridad se transforman con suma facilidad en diferencias “esenciales” o riesgos “inadmisibles”, útiles para la confrontación, en la evidente pugna de poder que está en juego.

Resulta evidente que PODEMOS dará más miedo a los poderosos si es capaz de convencer a quienes aún no le votaron; como resulta evidente que la nueva política debería acercar las instituciones a la calle y la calle a las instituciones; y es obvio que se debe convocar, desde la radicalidad ética y democrática del 15M, al “lado bueno de la fuerza” que de siempre impulsó la lucha sindical de los trabajadores e inspiró la hoy convulsa y dolorida socialdemocracia. Resulta evidente, en suma, que Vistalegre II debería haber sido la culminación de un esfuerzo serio de síntesis de esas diferencias, tan poderosamente complementarias. Pero por desgracia, el debate se ha visto arrastrado y finalmente presidido por la pugna de poder en la dirección de PODEMOS.

El problema no está en las discrepancias, ni siquiera en las inevitables pugnas de poder, sino en como se afrontan. El 15M se distinguió, no sólo por lo que propuso, sino por como lo propuso, desde una actitud de debate fraterno e integrador, en el que no sólo no se abucheaba a nadie, sino que ni siquiera se interrumpía con aplausos a quien te entusiasmaba. El 15M, desde su radicalidad democrática, fue la antítesis del espíritu de “Juego de Tronos” que tanto éxito tiene en nuestra sociedad, e incluso en el seno de PODEMOS.

Por ello me cuento entre los muchos y muchas que, de forma discreta, a lo largo de este agrio proceso, hemos intentado mediar y promover un debate integrador; y no por “buenismo”, como ahora se dice, sino por coherencia política y responsabilidad ante esos 5 millones de votantes (y otra mucha gente que no nos votó) que ha ido pasando de la perplejidad a la indignación.

En todo caso, unos y otras hablan de que, pase lo que pase, el lunes tod@s remaremos junt@s en la misma dirección. Y creo que lo piensan sinceramente. Sin embargo, se suele recoger lo que se siembra; y en el proceso de Vistalegre no se ha sembrado precisamente el espíritu integrador que se esperaba de esa nueva política feminizada que veníamos proclamando … Por ello, en la medida en que Vistalegre II no resuelva los problemas existentes, como me temo, al día siguiente, tomando en cuenta los errores y aprendiendo de ellos, seremos muchos y muchas los que seguiremos el trabajo de integrar lo que es complementario, tendiendo puentes desde nuevas formas de hacer política, que permitan superar esa dinámica fratricida, que alimenta la lógica de “vencedores y vencidos”, y que tanta perplejidad, frustración e indignación ha causado.

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