Nueva Cultura del Agua y Desarrollo Rural Sostenible (resumen)

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El modelo de planificación y gestión de aguas vigente se podría caracterizar así:

 

  • vigencia del paradigma renacentista de “dominación de la naturaleza”, en este caso de “dominación de los ríos”, en base a grandes infraestructuras hidráulicas;
  • valorar los ríos como simples canales de agua que se “pierde en el mar”;
  • mitificar la obra hidráulica y sus usos (especialmente el riego), eludiendo incluso el análisis económico coste-beneficio de esos proyectos;
  • considerar la “escasez” como un problema político que el Estado debe resolver mediante obras hidráulicas;
  • enfoque tecnocrático de la gestión desde instituciones públicas gestionadas por ingenieros y políticos, bajo la influencia de poderosos grupos de presión.

 

La Nueva Cultura del Agua, afronta el reto de transitar:

 

  • del paradigma de “Dominación de la Naturaleza” al de “Sostenibilidad”;
  • de la gestión del agua como recurso, a la gestión fluvial ecosistémica, igual que se pasa de la gestión maderera a la gestión forestal;
  • de las estrategias “de oferta”, a estrategias de conservación y gestión de la demanda;
  • de la gestión tecnocrática del recurso, a la gestión participativa del territorio;
  • de la visión ingenieril a la gestión integrada interdisciplinar;
  • nuevos modelos de gestión pública participativa, frente a la privatización neoliberal.

 

Para promover un nuevo desarrollo rural sostenible es preciso poner en valor e integrar los valores ambientales y socioculturales en juego, tomando en cuenta, los nuevos enfoques de la Nueva Cultura del Agua:

 

  • Pasar de la gestión de aguas a la gestión ecosistémica, como transitamos de la gestión maderera a la gestión forestal;
  • Recuperar la diversidad productiva del territorio: la producción de cercanía, de calidad y con escaso impacto ambiental de la huerta; revalorizar la producción agroambiental en secano; recuperar semillas autóctonas adaptadas a cada territorio;
  • Promover una reconversión del regadío que asegure su viabilidad en perspectivas de cambio climático, retirando el riego en zonas salinizadas, de baja productividad, con adecuadas compensaciones.
  • Reforzar la resiliencia frente al cambio climático, recuperando los acuíferos como reservas estratégicas de calidad y pulmones hídricos del territorio, desde estrategias integradas de aguas superficiales y subterráneas; así como conservar humedales, lagunas y espacios de ribera, con su gran capacidad de autodepuración natural.
  • Frente a las presiones centralizadoras-privatizadoras sobre los servicios rurales de agua y saneamiento, empoderar a los ayuntamientos para que puedan gestionar sus competencias: recuperando fuentes, ríos y acuíferos en el territorio y desarrollando adecuadas tecnologías de saneamiento extensivo.

 

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