Lo cortés no quita lo valiente, ni lo valiente lo cortés…

 

Venimos asistiendo a un debate en la red entre dos de los principales dirigentes de PODEMOS, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que arrancó con un cruce de mensajes  sobre si debíamos dar miedo a los canallas o seducir a los que aún no nos votan (debo advertir que la red es un pésimo espacio para debatir, pero excelente para pelear). En realidad tod@s sabemos, sin sombra de duda, que Pablo quiere seducir a quienes no nos votan tanto como Iñigo confrontar a los canallas que nos roban. Y al decir esto, no pretendo negar que haya diferencias entre ambos, sino ayudar a entenderlas y ubicarlas en la perspectiva de los retos que PODEMOS se plantea. En los medios de comunicación, no faltan tertulianos que ven en este debate profundas divergencias ideológicas que han de llevar a la, tan deseada por algun@s, explosión de la diversidad podemita. Sin embargo, desde mi punto de vista, lo que este choque de opiniones revela es una diferencia significativa, que resulta enriquecedora, sobre la táctica política a seguir. En PODEMOS, unos y otras asumimos sin dudarlo la radicalidad frente a la injusticia, pero, al tiempo, intentamos construir esa mayoría social necesaria para cambiar y reconstruir este país de países, desde la diversidad ideológica que impera en el movimiento de cambio que hemos puesto en marcha. Pues bien, es en este contexto de acuerdo en el que, a la hora de combinar esos elementos de radicalidad y transversalidad, hay y habrá, debe haber, un amplio abanico de grados e intensidades que modularán tácticas y estrategias diversas. Como dice mi amigo José Luis Martínez, el gintonic a un@s les gusta con más ginebra y a otr@s con menos; o como dice el refrán, lo cortés no quita lo valiente.

Lo relevante para mí no son las diferencias en la táctica política, que sin duda hay entre Pablo e Íñigo, sino cómo gestionamos entre tod@s éstas y otras diferencias, en combinación con las inevitables pugnas de poder que se perfilan. Generalmente, en las diversas tradiciones de corte progresista, a lo largo y ancho de la historia, las diferencias políticas se han saldado con la victoria de un@s y la expulsión o escisión de l@s otr@s, considerados perdedores. Yo espero de todo corazón que, desde esa “nueva forma de hacer política” que estamos construyendo, sepamos gestionar de otra manera nuestras diferencias. Y lo digo, no sólo desde el lado emocional, que también, sino incluso desde la vertiente racional y pragmática del reto que supone afrontar una década de cambio (no simplemente una legislatura, más o menos larga), tanto en este nuestro país de países, como en esta nuestra Europa e incluso en este nuestro mundo, que es el que tenemos y no habrá otro …

Una cuestión fundamental que debemos entender es que, aunque haya “ventanas de oportunidad” que permitan avances rápidos, el desafío es de tal envergadura que hablar de una década puede incluso quedarse corto. Fue sin duda acertado identificar la situación social y política de España, durante los últimos años, como una ventana de oportunidad para transformar la indignación en un vuelco democrático del poder político. Y ciertamente el vuelco se consiguió, aunque no consiguiéramos, por poco, suficiente apoyo para liderar un posible Gobierno de Cambio. Sin embargo, sin pretenderlo, el colapso del bipartidismo ha bloqueado la gobernabilidad del país.

En este contexto, volvemos a entrar en un tiempo de incertidumbres, especulaciones y negociaciones, con unas “terceras” en el horizonte cercano que generan perplejidad, desafección e incluso angustia en millones de conciudadan@s. De esta forma, sin haber hecho siquiera balance de la anterior mini-legislatura y del agridulce resultado electoral, ni haber ponderado el valor estratégico de las importantes convergencias y alianzas que hicimos, afrontamos, con las zapatillas aún sin atar, nuevas conversaciones con el PSOE en un contexto endiabladamente complejo.

Creo que en la anterior legislatura cometimos dos fallos importantes: no supimos hacer pedagogía política sobre nuestra propuesta de Gobierno a la Valenciana; y no dimos a nuestra gente la posibilidad de empujar desde la calle en pro de esa opción de cambio.

El mismo día en que fracasó la investidura de Sánchez, recuerdo que se volvió a convocar la mesa de diálogo entre fuerzas progresistas que había colapsado con el pacto PSOE-Cs. Los socialistas respondieron que acudirían, pero con Cs de la mano. Con ello dejaban claro que no estaban dispuestos a avanzar por el camino que les ofrecíamos. Nuestra respuesta fue desconvocar la cita. Sin embargo, estimo que tendríamos que haberla mantenido, dejando las sillas de los representantes socialistas vacías, con un programa electoral del PSOE sobre la mesa, y poner en marcha el trabajo de quienes si estábamos dispuestos a elaborar un programa para ese Gobierno de Cambio “a la Valenciana”. Al cabo de una semana habríamos presentado, sin duda, un programa de medidas, compatible con el programa electoral socialista, que se habría contrastado con las medidas y propuestas del pacto PSOE-Cs. Todo ello, no sólo habría escenificado la ausencia del PSOE en ese acuerdo posible e ilusionante, sino que nos habría permitido avanzar el trabajo de convergencia, que más adelante tuvimos que hacer de forma precipitada para crear UNID@S PODEMOS. Habría sido un mes clave de pedagogía política hacia la sociedad en su conjunto y de maduración de las alianzas entre los militantes y activistas de los diversos partidos.

Pero el error más grave, desde mi punto de vista, fue mantener inactiv@s y expectantes a círculos, activistas y simpatizantes, sin encomendarles el trabajo de presionar y pelear desde la calle ese Gobierno de Cambio que proponíamos. Haber lanzado una recogida de un millón de firmas por ese Gobierno a la Valenciana habría movilizado e ilusionado a decenas de miles de personas; y en dos o tres semanas habríamos tenido, no un millón, sino probablemente bastantes más firmas…

En todo caso, lo que tenemos que hacer ahora es afrontar lo que se nos viene encima. En las anunciadas conversaciones con el PSOE, podemos y debemos hacer valer nuestra coherencia y ofrecer una vez más nuestro apoyo a Pedro Sánchez para sacar al PP y a Rajoy del Gobierno, tal y como él viene propugnando. Intentaron el malabarismo del pacto PSOE-Cs, con un programa de Gran Coalición, con Sánchez de presidente, y fracasó. Intentaron de nuevo la Gran Coalición con el pacto PP-Cs, esta vez liderado por Rajoy, y fracasaron también. Queda por intentar la opción PSOE-Unid@sPODEMOS, vetada desde un principio por los poderes fácticos del PSOE, que se la tienen jurada a Sánchez, ahora si de forma descarada. Poner sobre la mesa nuestro paquete de propuestas de emergencia social, junto a compromisos claros de derogación de la LOMCE, de la Ley Mordaza y de la Reforma Laboral del PP, de relanzamiento de las renovables y reactivación de la Ley de Desarrollo Rural Sostenible, permitiría constatar lo que sabemos, pero que nunca se escenificó: la posibilidad real de un Gobierno de Cambio que levantaría la moral del país. Pero junto a eso es imprescindible añadir un compromiso hacia Cataluña que, siendo aceptable para En Comú Podem, abra expectativas democráticas de diálogo constructivo en este frente. La intervención pública de Ada Colau animando a Sánchez a intentar un Gobierno en minoría, como ella hizo y hace, resulta, desde mi punto de vista, alentador y significativo. A mi entender, y aún con dudas, creo que deberíamos apoyar esa sugerencia de Ada Colau. Ofrecerle al PSOE la opción de gobernar, bajo los compromisos antes reseñados, renunciando a formar parte del Gobierno, abriría un flanco débil, obviamente: el de la desconfianza que genera dejar la responsabilidad de cumplir esos acuerdos en manos del PSOE, sin nuestra presencia corresponsable en ese hipotético Gobierno. Pero al tiempo pondría en nuestras manos argumentos poderosos: por un lado, enterraríamos definitivamente el demagógico mantra de nuestro pretendido afán por los “sillones” (que tanto daño nos ha hecho); por otro lado, escenificaríamos una actitud de generosidad, frente a la acusación de arrogancia y de falta de voluntad real para llegar a acuerdos con Sánchez (que ha calado, no sólo en las filas socialistas, sino en un amplio margen de nuestros votantes potenciales); evidenciaría además nuestro sincero empeño en barrer del Gobierno a Rajoy y las políticas del PP, por un lado, y de evitar, por otra parte, esas terceras elecciones que nadie desea, salvo el PP; y por último, sería una forma de empatizar con la militancia y los votantes socialistas que apoyan a Sánchez, frente a su “caverna” , al tiempo que miran a PODEMOS con una mezcla de simpatía y desconfianza.

Esta sugerencia o propuesta, insisto, no exenta de dudas, la vengo haciendo desde mi comparecencia pública de la semana pasada en el Centro de Historias de Zaragoza. Mi intención en aquella asamblea era animar el debate y romper la leal expectación inactiva que nos viene comiendo la moral desde hace meses. Y creo que, en efecto se abrió un debate fraterno, al tiempo apasionado y cordial. Sin embargo, a raíz del cruce de tuits entre Pablo e Iñigo, alguna gente me pregunta si esta sugerencia-propuesta mía se alinea con Pablo o con Íñigo. Mi respuesta, con toda sinceridad, es que no lo sé. Pero, por lo que me dicen, podría estar más próximo a lo que pueda estar defendiendo Íñigo, sin que ello quite ni un ápice de mi admiración y simpatía por Pablo. Hasta ahora, de nuevo por lo que me dicen, en los debates de pasillo y de comedor del Congreso, parece ser que paso por más cercano a Pablo que a Íñigo … La verdad es que no me interesan lo más mínimo estas digresiones, y me consta que somos much@s l@s que no estamos por abonar esas dinámicas.

En todo caso, aunque no conozco las posiciones de uno y otro sobre las posibles conversaciones con el PSOE, me gustaría pensar que ambos, como en tantas otras ocasiones, hablarán, argumentarán y, contando probablemente con datos e informaciones de las que no dispongo, serán capaces, junto al resto de compañer@s de la dirección, de complementar sus capacidades y argumentos, para dar a luz una estrategia acertada, en este complejo y delicado escenario político. Eso es lo que espero, pero no puedo ocultar mi temor de que la dinámica abierta, con ese cruce de tuits, junto a la marejada que emerge en Madrid y en otras comunidades en la pugna por el poder, abonen la tentación de aprovechar cualquier discrepancia para fortalecer las aristas de las diferencias en lugar de promover la convergencia de argumentos que, en el fondo, estoy seguro, son más complementarios que antagónicos. Así veo yo, de hecho, los perfiles de Pablo e Íñigo, como poderosamente complementarios, y en absoluto antagónicos. Pero para que eso funcione debemos conseguir, entre tod@s, que los egos no se impongan sobre la fraternidad y la racionalidad.

Mientras escribo estas reflexiones, recibo los primeros mensajes de la campaña en ciernes, bajo el lema “VAMOS”; y me alegro, por cuanto entiendo puede responder a mi crítica sobre la inactividad  en que mantenemos a nuestra gente. Sin embargo, y a falta de conocer mejor lo que propone y los objetivos de “VAMOS”, volveré a insistir en algo que llevo proponiendo desde hace meses; la necesidad de que PODEMOS promueva un GRAN DEBATE RECONSTITUYENTE, con un horizonte cuando menos de un año o dos, y un objetivo central: definir la bases de ese cambio que pretendemos generar en España y en Europa a lo largo de esta década histórica. Un debate que permita profundizar y definir qué entendemos por ese “país de países” que queremos levantar; qué Europa deseamos y qué estrategia internacional proponemos; qué compromisos políticos y de vida cotidiana asumimos, frente a los retos de insostenibilidad e injusticia ambiental que el movimiento ecologista y otros movimientos solidarios nos plantean; o frente al cambio cultural y ético que nos demanda el movimiento feminista; qué modelo de consumo y de progreso ofrecemos de forma que sea democrático y sostenible; qué modelo de vida y de ordenación territorial propugnamos para que el medio rural ofrezca una calidad de vida equiparable al urbano … Un debate que profundice el sentido estratégico de esas convergencias sociales y políticas que hemos promovido y que necesitamos para impulsar los cambios que pretendemos. Creo que urge abrir esa perspectiva amplia de lo que entiendo puede y debe ser una década histórica de cambio, que sólo será viable si somos capaces, por un lado, de entender los retos que afrontamos, y por otro lado, de asumir una nueva forma de hacer política, desde la diversidad como un valor, y el debate fraterno como clave; una clave por cierto que nunca supimos desarrollar por encima de las luchas de poder en los movimientos emancipatorios. Sólo PODEMOS tiene hoy la envergadura y la capacidad de convocar a ese DEBATE RECONSTITUYENTE a todas las fuerzas sociales y políticas que pueden y deben hacer posible el cambio. Podrían ser media docena de grandes Foros Ciudadanos temáticos a lo largo del próximo año y medio, en los que estarían convocados a participar, de forma activa, no sólo las convergencias y alianzas que hemos puesto en marcha, sino los movimientos sociales, los sindicatos y la ciudadanía en general que vuelve a creer en la POLÍTICA, como el arte de hacer posible lo que es necesario y justo. Un DEBATE RECONSTITUYENTE que culminaría con una gran ASAMBLEA CIUDADANA CONSTITUYENTE del nuevo país que necesitamos construir.

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