La nueva estrategia trasvasista

El debate de una Propuesta de Esquerra Republicana, en el Congreso de los Diputados, sobre la insuficiencia de caudales en el Delta del Ebro, ha reabierto la polémica sobre el Plan del Ebro, aprobado por el actual Gobierno, a pesar de estar en funciones. Un Plan que, en lo sustancial, es una copia del que, en tiempos de Aznar, sirvió de base al trasvase del Ebro que la UE se negó a financiar.

Por entonces, la estrategia trasvasista del PP se basaba en un Plan del Ebro que infravaloraba los caudales ecológicos, minimizaba el impacto del cambio climático y promovía la construcción de grandes presas, bajo el evanescente argumento de desarrollar cientos de miles de nuevas hectáreas de regadío. La clave estratégica siempre estuvo en el famoso Pacto del Agua de Aragón, que debía asegurar ingentes caudales regulados, con fechas y presupuestos precisos, mientras los pretendidos nuevos regadíos quedaban difusos, sin plazos de ejecución, ni compromiso presupuestario alguno. En suma, un Plan del Ebro que, sin hablar explícitamente de trasvases, preparaba caudales regulados, que posteriormente se declararían como excedentarios y trasvasables en el Plan Hidrológico Nacional.

Afortunadamente, la viabilidad de aquel trasvase pasaba por la financiación europea; y ahí estuvo su talón de Aquiles. Aragoneses y catalanes, junto a navarros, riojanos y vascos, desde la coherencia de la Nueva Cultura del Agua, fuimos capaces de construir la Plataforma de Defensa del Ebro y sacar a la calle más de un millón de personas en menos de un año, con la Marcha Azul sobre Bruselas como broche final. Tres informes técnicos de la Comisión Europea recomendaron la no financiación de aquellos planes. El informe económico concluía un balance coste-beneficio del trasvase de 4000 millones de euros en negativo. El informe social constataba la alta conflictividad que esas obras suscitaban. Pero convendría recordar que el informe que motivó de forma decisiva el bloqueo de los fondos europeos fue el ambiental, por el impacto que tendría ese trasvase sobre el Delta del Ebro, por falta de caudales y sedimentos que compensen su hundimiento, erosión y salinización.

Hoy, la propia Comisión Europea advierte que el nuevo Plan es similar al que hace más de 15 años sustentaba aquel trasvase. De nuevo casi medio millón de nuevas hectáreas de regadío, con grandes y conflictivas presas, ignorando que durante las últimas dos décadas, se han desechado las obras más emblemáticas del Pacto del Agua: Jánovas, Santaliestra, Biscarrués, Torre del Compte e incluso, en buena medida, el recrecimiento de Yesa, que aunque revisado a la mitad, cada día se demuestra más inviable por los riesgos geotécnicos que amenazan la vida de miles de personas, especialmente en Sangüesa.

Pero sobre todo, una vez más, se minusvaloran los caudales ecológicos que exige Europa. En el Delta se prevé un caudal incluso menor que el reservado en el año 2000; mientras en el conjunto de la cuenca, el 90% de las masas de agua ni siquiera tienen calculados esos caudales; y en lo que se refiere al 10% restante, Bruselas exige revisar con rigor la metodología y los datos empleados.

Lo que cambia hoy es la estrategia trasvasista que ha venido forjando el Gobierno del PP durante los últimos años, basada en legalizar el libre mercado de derechos concesionales y facilitar la tramitación de los trasvases. Con esas reformas legales, en las que echo a faltar la crítica del Partido Socialista, la famosa “reserva hídrica de Aragón”, en forma de desmedidas concesiones de nuevos regadíos, que no tienen por qué desarrollarse siquiera, pasan a ser derechos vendibles al mejor postor, en la misma cuenca o en otras a las que pudieran trasvasarse. Y ello sin necesidad de que esos trasvases aparezcan en los planes de cuenca, ni se discutan en el parlamento, ni tenga que aprobarse la evaluación ambiental estratégica que antes se exigía… Basta la firma del Director General de Aguas.

Esta nueva estrategia es sin duda más sutil; pero la respuesta desde la Cuenca del Ebro no debería ser menos contundente.

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