La avaricia rompe el saco

El proverbio popular dice que “la avaricia rompe el saco”… Pues bien, eso está pasando con la codicia neoliberal del “todo vale” para que los ricos sean aún más ricos, aunque la mayoría de la gente esté cada vez peor. Trump es el ejemplo vivo y evidente de cómo el sistema está creando monstruos que amenazan su propia estabilidad.

Mientras en Europa y en España, PP y PSOE arropan con su silencio cómplice y sus votos en el Parlamento Europeo los tratados de libre comercio con EEUU y Canadá, en EEUU la destrucción masiva de empleo del NAFTA (Tratado de Libre Comercio EEUU-Canadá-Méjico), en activo desde hace años, ha llenado las urnas de votos para TRUMP.

Pero no vale justificar lo que acaba de ocurrir en EEUU hablando de la incultura de la América profunda, porque la historia empezó en Europa hace ya algún tiempo. Mientras fueron los gobiernos de extrema derecha (neofascistas para más precisión) de Hungría o Polonia, la clave estaba en el efecto rebote de tantos años de socialismo soviético. Pero después de ver ganar a Berlusconi y la Liga Norte en Italia, o ver como partidos xenófobos de extrema derecha llegan a ser primera fuerza en Holanda, Austria, Dinamarca e incluso Francia, más nos valdría mirar hacia nosotros mismos y empezar a preguntarnos que está pasando, antes de que sea demasiado tarde.

Cuando se teoriza y se impone un modelo de globalización en el que, para que la economía avance, los más ricos, las transnacionales y los todopoderosos bancos tienen que ganar más y más, a costa de acabar con derechos laborales, leyes y normas de protección social, de reducir impuestos a los que más tienen, privatizar servicios básicos (sanidad, educación, agua, dependencia, seguridad, transportes …) y reducir salarios y pensiones, disculpando por supuesto la corrupción institucionalizada que representan los paraísos fiscales, se está subiendo al altar mayor a la diosa codicia, con todas sus consecuencias.

En este contexto, los Tratados de Libre Comercio constituyen la institucionalización a nivel global del poder del dinero por encima de las urnas. Recientemente la UE aprobó el CETA, Tratado de Libre Comercio con Canadá, sin pasar por los Parlamentos, bajo una espesa nube de silencio tóxico en los medios de comunicación, con el expreso apoyo de nuestro Presidente Rajoy, que reniega de la soberanía nacional y defiende que cosas tan importantes deben decidirse en Bruselas, y con un PSOE que calla en España y apoya, junto al PP, estos tratados en el Parlamento Europeo.

Cada día resulta más evidente que las políticas de desregulación y desprotección de los más débiles, imponiendo la ley del más fuerte en la selva global de los mercados, no sólo son profundamente injustas, antisociales y antiecológicas, sino que son políticamente insostenibles. Lo malo es que cuando sube y sube la indignación y la desafección hacia lo que ahora diplomáticamente se denomina el “establishment” (eso que algunos llamaron la “casta”), cabe la posibilidad de manipular y direccionar esa indignación hacia el autoritarismo neofascista, como forma de que no acabe cuestionando realmente el sistema. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.

Nunca agradeceremos suficientemente al 15M haber dirigido la indignación de la gente hacia los verdaderos responsables de la crisis, y no hacia los inmigrantes, los más pobres y débiles. Incluso en Francia, donde la “Nuit Debout” llegó tarde, la indignación derivada de la injusticia y la corrupción del “Establishment” está siendo capitalizada por quienes se presentan como “antisistema”, para acabar apuntalando el sistema a base de echar la culpa a los inmigrantes y proponer como solución menos democracia y mano dura contra todo lo que se mueva…

Hoy puede que muchos demócratas en EEUU tengan claro que Bernie Sanders habría sido mejor candidato que Clinton, a la hora de romper la demagogia de Trump con propuestas efectivas de solución a los problemas de desigualdad, injusticia, paro y discriminación que rompen las entrañas de los EEUU, de Europa y del Mundo.

 

One Response to La avaricia rompe el saco

  1. Miguel says:

    Trump puede considerarse un candidato antisistema Republicano y quizás un antisistema demócrata hubiera generado la ilusión suficiente para vencer el miedo que ha conseguido refugiar a la gente entorno a Trump. No lo sabremos, pero tengo serias dudas de que el sistema económico de EEUU hubiera permitido la victoria de un antisistema socialista. A fin de cuentas Trump es hijo aventajado del sistema capitalista.

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