Del interés por los escaños a la ilusión por el cambio

 

Recientemente leí un interesante artículo de José Fernández Albertos sobre las expectativas suscitadas por la coalición PODEMOS-IU. En síntesis constataba, con todo lujo de datos, que existe una fuerte afinidad en programas y perfiles ideológicos, lo que facilita la compatibilidad, aunque también, añadiría yo, exacerba los instintos fratricidas; un mayor rechazo a la coalición entre los votantes IU, que entre los de PODEMOS; un efecto de atracción notable, aunque indeterminado, entre los votantes socialistas, que desean un giro a la izquierda de su partido; y, en todo caso, un notable aumento de escaños respecto a lo que daría la suma entre PODEMOS e IU, si fueran por separado. Por último, ese probable incremento de escaños se produciría, en su mayor parte, a costa del PP, lo que incrementa la motivación del “voto útil” en el ámbito del electorado progresista.

En el caso de Aragón, el segundo escaño por Zaragoza, que estuvo a punto de conseguir PODEMOS en las pasadas elecciones, vendría del PP; al igual que el primero por Teruel. En el Senado, sin embargo, los escaños que podría conseguir la coalición, por Zaragoza y Huesca, serían a costa del PSOE. De ser así, el resultado no tendría precedentes en Aragón: 4 escaños en el Congreso y 2 en el Senado.

A nivel estatal, más allá del impacto que supondrá la suma de restos, que por separado se perderían, se puede producir un interesante salto de escaños en las provincias con menos población, especialmente las de tres diputados. En ellas, bajo el imperio del bipartidismo, se repartía uno para cada uno, y el tercero para quien sacara algún voto más. Sin embargo, en las últimas elecciones, PODEMOS-Alto Aragón en Común rompió la norma y consiguió ese tercer diputado en Huesca. La coalición PODEMOS-IU, aunque no le quite un solo voto al PP, si le quitaría ese “tercer diputado” en varias provincias.

En todo caso, y aunque esta razonable especulación aritmética tenga interés, para mi, el reto más importante y la incertidumbre más trascendente se sitúa en la capacidad que tendrán las fuerzas del cambio para suscitar ilusión en nuestra sociedad, no sólo de cara a la cita electoral, sino más allá de ella. Y cuando digo esto, quiero subrayar que esas fuerzas del cambio no sólo se vertebran en torno a las siglas de PODEMOS e IU, sino en ámbitos mucho más amplios. Ciertamente, los escaños se suman, como se suman los porcentajes de sondeos y de pasadas elecciones; pero la ilusión se contagia, siguiendo pautas bien distintas, que suelen adoptar forma exponencial y no aditiva.

Si atendemos a la experiencia de los últimos años, desde los partidos deberíamos entender que esa ilusión se desata, sólo si la gente se siente protagonista del cambio. No pretendo idealizar las capacidades transformadoras del 15M o del Mayo Francés, que sin duda fueron poderosas; pero sí enfatizar que desde los partidos, y en este caso muy especialmente desde PODEMOS, como eje fundamental de esta alianza, debemos entender que si tratamos tan sólo de sumar más escaños, suscitaremos a lo sumo interés. Sin embargo, si lo que se impulsa es la participación y el desborde ciudadano, lo que crecerá será el entusiasmo por ese cambio que necesitamos.

Se avecina una legislatura en la que se va a acentuar la crisis, al tiempo que se intensificarán las políticas de “austeridad” dictadas por la TROICA, por más que se haya constatado su estrepitoso fracaso; y todo ello pondrá a prueba, una vez más, la capacidad de esta sociedad para defenderse frente a la voracidad del sistema financiero, el desgobierno de los paraísos fiscales, la privatización de servicios públicos y la corrupción. En este contexto, disponer de ese “Gobierno a la Valenciana” que proponen PODEMOS e IU, aunque sin duda será muy importante, no será suficiente. Los partidos que se reclaman como fuerzas del cambio deben mirar más allá de las elecciones y convocar a la ciudadanía a un esfuerzo perseverante de unidad, responsabilidad y protagonismo colectivo. Si queremos ser realistas, debemos exigir y trabajar para hacer realidad lo que nos dicen que es imposible y que sin embargo es necesario. Pasar del interés que tiene ganar más escaños, a infundir entusiasmo por ese cambio histórico que se necesita, tanto en España como en toda Europa, ese sí es un reto apasionante.

 

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