Biscarrués es y será un pueblo, no un embalse

Artículo publicado originalmente por Pedro Arrojo en El Periódico de Aragón.

Han pasado varios años desde que me citó la Audiencia Nacional para explicar mis informes económicos sobre el proyecto de presa de Biscarrués. Durante casi dos horas respondí a las preguntas del juez, de la fiscalía y de los abogados. Varios profesores universitarios me siguieron, en sucesivas sesiones, sobre cuestiones ambientales y sociales.

Las conclusiones de aquel informe económico eran y son demoledoras:

1- Tomando como referencia los datos de caudales diarios (con 9000 registros) durante los últimos 24 años, el aumento medio de regulación anual que habría aportado esta presa habría sido de tan sólo 10,39 hectómetros cúbicos.

2- La inversión de 126 millones, prevista, sin contar las habituales desviaciones al alza en la ejecución de obras, habría supuesto una amortización de 5,1 M€/año.

3- Una simple división nos permite deducir, por tanto, un coste de 0,49 € por metro cúbico regulado; equivalente al coste de desalación del agua de mar.

4- Contando lo que se paga en concepto de canon y tarifa por el agua de riego, la expectativa de ingresos en las arcas públicas por esos 10 hectómetros cúbicos habría sido de 45.250 €/año; es decir una recuperación de costes de apenas el 1% de los costes de amortización.

5- Y todo ello sin contabilizar el coste del impacto socioeconómico sobre las actividades turísticas de aguas bravas que, con 80.000 servicios anuales, generan hoy unos 200 puestos de trabajo directos y otros 300 indirectos … Un impacto sobre el tramo bajo del tramo fluvial que soporta el 40% del volumen de negocio en aguas bravas, lo que habría implicado la deslocalización de las empresas a otros ríos, probablemente fuera de Aragón.

La Galliguera, es hoy de hecho la comarca de Aragón que más ha crecido, en términos relativos, aumentando, tanto su población joven, con trabajos bien pagados, como su población infantil, con la consiguiente apertura de aulas en las escuelas. ¿Cómo puede entenderse que la mayor parte de las fuerzas políticas aragonesas hayan podido mantener la espada de Damocles, de este absurdo proyecto hidráulico, sobre esta comarca? Produce verdadero sonrojo que hayan tenido que ser los tribunales quienes aporten la más elemental sensatez, de la mano del cumplimiento de la Directiva Marco de Aguas europea.

Y respecto al regadío en Monegros, espero que, ahora si, se ponga en marcha alguna de las propuestas alternativas, mucho más económicas y razonables, que hemos venido argumentando desde hace años, para reforzar la dotación de Riegos del Alto Aragón en años de sequía. Indemnizar en esos años la producción hidroeléctrica del Bajo Gállego, para almacenar esos caudales en la Sotonera, costaría 0,013 €/m3. Compensar el coste de construir y gestionar baterías de pozos de sequía en el Bajo Gállego, liberando caudales para la Sotonera, aguas arriba, supondría unos 0,05 €/m3. Montar una estación de bombeo a la entrada del Canal que sale del embalse del Grado, para bombear caudales, cuando el nivel de la presa esté por debajo del nivel del Canal, con la correspondiente indemnización a la eléctrica, supondría 0,1 €/m3. Costes todos ellos muy por debajo de los 0,49 €/m3 que habría costado, tan sólo, amortizar Biscarrués.

La noticia me llegó cuando iniciábamos el debate sobre el llamado techo de gasto en el Pleno del Congreso. Lloré durante casi una hora en mi escaño, de emoción y alegría. 30 años de lucha y de dolor ante la irracionalidad, la arrogancia y la injusticia; 30 años transformando la indignación en ilusión; 30 años con las gentes de la Galliguera, la campana de Erés y la tremenda pancarta verde –aunque hiciera cierzo- en todas, absolutamente todas las manifestaciones, fueran en Huesca, en Zaragoza, Madrid o Bruselas.

¡Enhorabuena Aragón!

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