Atrevernos a cambiar…

Atrevernos a cambiar lo que es injusto y está mal, aunque los poderosos nos digan que es imposible: esta es la clave del momento histórico que vivimos. Atrevernos a priorizar el derecho de una familia a su casa sobre el derecho del banco a sus intereses; a juzgar a quienes esconden sus millonarios botines en paraísos fiscales y a quienes gestionan esas estrategias desde los bancos; a exigir que la ley sea igual para todos; a cambiar la ley electoral para que todos los votos, vengan de donde vengan y vayan a donde vayan, valgan igual; a romper el bloqueo de los refugiados para darles acogida en nuestras ciudades, aunque lo prohíba Bruselas y el Gobierno del PP… Atrevernos a cambiar este país, haciendo posible lo que es necesario y de justicia.

Cuando hace ya unos años los jóvenes del 15M se atrevieron a proclamar en las plazas que “el Rey estaba desnudo”, poniendo en cuestión el Poder, con mayúsculas, de quienes no se presentan a las elecciones, el Podr de la TROICA, de los bancos y de esos intocables paraísos fiscales, en este país empezamos a asumir el reto de cambio que hoy afrontamos de lleno con esta segunda vuelta de las elecciones. Una segunda vuelta en la que todos los partidos y coaliciones debemos explicar claramente con quien pretendemos formar Gobierno y bajo qué perfiles programáticos.

Guste o no, el PP será coherente al proponer la Gran Coalición, mientras Ciudadanos, aportará lo que acordaron con el PSOE en materia de política económica y laboral, como avance del programa de esa Gran Coalición. El PSOE tendrá que definirse, porque si no lo hace, nos estará anunciando implícitamente una abstención cómplice en la investidura que proponga el PP, tal vez con la condición estética de que Rajoy no sea el candidato… Y por último, desde Unidos Podemos, como novedad ilusionante de esta segunda vuelta, volveremos a proponer al PSOE un Gobierno progresista que revierta las políticas de austeridad y regenere la ilusión democrática de este país.

Si las bases socialistas consiguen imponer lo que sin duda desean mayoritariamente, frente a las presiones de los poderes fácticos en el seno del PSOE que abogan por dejar gobernar al PP, o incluso por integrarse en esa Gran Coalición, se abriría una legislatura dura pero apasionante.

Bruselas y el sistema financiero seguirán insistiendo en sus fracasadas (además de injustas) políticas de austeridad, a pesar de haberse evidenciado la inviabilidad del Plan impuesto a Grecia y el desastre que suponen en España, donde las economías familiares siguen hundiéndose al tiempo que la deuda sigue creciendo.

Sin embargo, la emergencia de un Gobierno progresista en España en estos momentos se uniría a la sorpresa de un Presidente verde en Austria, a un Gobierno de izquierdas en Portugal, e incluso a un Gobierno italiano que empieza a declararse en rebeldía, más allá de un Gobierno griego que empieza a ganar su razonable demanda de reestructurar la deuda, tal y como exigiríamos desde España, en coherencia con el programa electoral, no sólo de Unidos Podemos, sino también del PSOE. Un Gobierno que haría emerger el “lado bueno de la fuerza” en el viejo continente y levantaría la esperanza de un nuevo europeísmo democrático y solidario.

En esta legislatura, revertir las medidas de austeridad, poniendo en marcha la Ley 25 de Emergencia Social, presentada por Podemos, entre otras cosas, es vital para recuperar la ilusión y la confianza necesaria para promover, más adelante, la profunda reforma constitucional que esta segunda transición exige. Pero para ello necesitaremos conquistar también el Senado, asumiendo la propuesta de candidaturas de progreso que lanzó el Alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, y que Podemos apoyó, aunque, de momento, el PSOE rechazó.

En suma, aunque cambios históricos de esta envergadura no se producen de la noche a la mañana, en esta segunda vuelta electoral tenemos en nuestras manos la posibilidad de iniciar esta segunda transición que España y Europa necesitan. La clave está en atreverse a cambiar lo que es necesario cambiar, aunque los poderosos nos lo prohíban.

 

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